Los veintiúltimos

El próximo 11 de mayo cumpliré 29 años, los veintiúltimos. Entraré en el último año de una década maravillosa para llegar finalmente a la treintena y que los niños me empiecen a llamar señor (alguno que otro ya lo hace). La crisis de los 30 aparece por el retrovisor y las canas en el pelo se dejan ver. Quiero aprovechar este momento para hacer una cosa que todos deberíamos de hacer más a menudo: desconectar.

En un mundo 2.0 como el nuestro es difícil separarse de una pantalla para alguien que trabaje en marketing digital es, permíteme la expresión, realmente jodido. Desde que me levanto hasta que me acuesto me paso el día conectado a Internet y pendiente de una pantalla: la del móvil, la del ordenador de trabajo, la del iPad, la de mi ordenador personal, la del AppleWatch, la de la televisión…¡incluso la de la de la nevera! (no me jodas, neveras con pantalla). Es increíble la cantidad de tiempo que pasamos mirando una pantalla.

Voy a dejar a un lado las felicitaciones frías de Facebook, los WhatsApp por el grupo de amigos, los globos que me regala Twitter o los correos que me llegarán del estilo “por tu cumpleaños disfruta de un descuento exclusivo…”.

Voy a salir a la calle y a pasear por la playa (qué suerte vivir a 50 metros de una), voy a dejar que el mar moje mis pies (qué poético) y que el sol me dé en la cara (necesito ir quitando el color blanco nuclear) para terminar en una terraza tomando una cerveza (siempre es un buen momento para tomar una cerveza).

*Todo el plan anteriormente mencionado se puede ir a la mierda porque vivo en Asturias. Por si no lo sabes en Asturias llueve. Mucho. Muchísimo.

Al día siguiente retomaré la rutina digital y sumergiré mis ojos durante todo el día en una pantalla. Y al siguiente. Y al siguiente. Internet es maravilloso, como lo es todo nuestro alrededor. Levantemos un poco la mirada y disfrutemos de  lo que nos rodea.